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BIOGRAFIAS PITCHERS MEXICANOS
   
LOAIZA ESTEBAN

Hace unas dos décadas, el tijuanense Esteban Loaiza, ahora estrella de Medias Blancas de Chicago, era un excelente catcher, pero aun así, su hermano Sabino era mejor beisbolista que él.
Incluso, Sabino siempre trataba de que seleccionaran a su hermano, un año menor que él, en aquellos equipos callejeros que se formaban en su natal Tijuana, donde la dupla Loaiza jugaba en todos lados, menos donde hoy se ganan la vida, es decir, en el centro del diamante.
Ahora, en 2003, Esteban vive su mejor temporada en las Grandes Ligas, al grado que a la mitad de campaña ya alcanzó su máxima cifra de triunfos en un año, o sea 11, y tiene serias aspiraciones de abrir el Juego de Estrellas por la Liga Americana el próximo martes en Chicago.
Y Sabino es un feliz serpentinero de Tecolotes de Nuevo Laredo y, sobre todo, un incondicional seguidor que su hermano y, al igual que toda la familia Loaiza, sigue cada detalle de la carrera de Esteban, por lo cual estará en Chicago para apoyarlo en el gran juego de media temporada.
De hecho, Sabino, que es un año mayor que Esteban, fue de los primeros en enterarse de que su hermano fue seleccionado para el Juego de Estrellas, ya que el domingo por la mañana, en una de esas tantas llamadas que a diario se hacen, recibió la gran noticia vía telefónica.
"De niños nuestro gran sueño era jugar en las Grandes Ligas", cuenta Sabino con una sonrisa de oreja a oreja, sin envidia alguna porque su hermano ha destacado más y porque, en aquellos viejos tiempos, era él quien tenía mayores aptitudes. "Yo era el que sobresalía", señala.
Previo al inicio de la serie entre Tecolotes y Diablos Rojos del México, relata que fue hasta la preparatoria cuando ambos se hicieron pitchers.
En ese entonces, Esteban ingresó a una escuela de Potros de Tijuana, ex equipo de la Liga del Pacífico, y fue donde Domingo Rivera y el "Peluche" Peña le vieron cualidades para convertirlo en lanzador.
Para Sabino, de 33 años de edad, resulta sorprendente la temporada de Esteban con Medias Blancas, pero sobre todo es el resultado de un gran trabajo físico y mental, incluso estudio de los rivales, lo que ha llevado al mexicano a brillar como nunca antes.
"Ha estado trabajando mucho, se concientizó cuando quince días antes de la temporada no tenía equipo, ahora es mucho más dedicado... Toda la familia está muy gustosa porque le está yendo bien", asegura.
El gran arma de Esteban esta campaña, señala, ha sido el perfeccionamiento de la recta rompiente, la cual le enseñó un coach en sus tiempos en Azulejos de Toronto.
"Siempre ha tirado muchos strikes, pero dependía mucho de su recta y cuando se ponía abajo en la cuenta, los bateadores ya sabían lo que les iba a tirar. Ahora tiene más lanzamientos, recta, cambio, recta rompiente y hasta slider", explica.
Por lo pronto, cumplida la gran ilusión de ver a un Loaiza en un Juego de Estrellas, aún quedan varios sueños por delante, como el que sea designado abridor, que llegue a 20 victorias, pero, en especial, que mantenga ese envidiable 2.28 de carreras limpias.
Y un poco antes, que le gane hoy jueves a Tigres de Detroit, equipo ante el que "siempre lanza bien", porque eso le dará mayor oportunidad de abrir el martes el clásico de media temporada, ya que además estará en casa, el Comiskey Park de Chicago.

JESUS "CHITO" RIOS VILLALOBOS

Hace unos días el nombre de Jesús Ríos Villalobos se escuchó fuerte en todo el beisbol mexicano, el popular “Chito” consiguió dos ponches para llegar a 2,381 en su carrera y dejar atrás la vieja marca de Ramón Arano Bravo. Ponchador por excelencia, el derecho nacido en El Espinal, Oaxaca alcanza la marca en mucho menos partidos que el orgullo de Cosamaloapan, Veracruz.
Hablar de “Chito” Ríos es referirse a uno de los grandes lanzadores en las ligas profesionales más importantes de México, que a lo largo de su carrera ha tenido logros relevantes, entre los que destaca el nuevo récord de ponches en la Mexicana de Verano.
Jesús “Chito” Ríos se dio a conocer en la Liga del Istmo, en donde de inmediato enseñó cualidades para ser un súper estrella; después fue llamado por los Tomateros de Culiacán a la Liga Mexicana del Pacífico, se incorporó también a la desaparecida Asociación Nacional de Beisbolistas (ANABE) y de ahí dio el brinco a los Tigres Capitalinos, gracias a las gestiones del entonces gerente deportivo, José Luis Gutiérrez, que viajó a El Espinal, Oaxaca y en la misma casa del lanzador le hizo la invitación formal.
Es lamentable que no existan archivos sobre las temporadas de la desaparecida ANABE, porque “Chito” Ríos hizo ahí cosas verdaderamente importantes con el equipo de Puebla. El oaxaqueño cumplió en ese circuito una temporada de 202 ponches, también recetó nueve strike outs consecutivos y lanzó 63 entradas al hilo sin aceptar carrera limpia.
Jesús “Chito” Ríos tuvo dos oportunidades de entrenar en ligas mayores, con Filis de Filadelfia y Medias Blancas de Chicago, pero los buscadores perdieron el interés en el oaxaqueño, debido a su velocidad de 88 millas. Los expertos afirman que ese fue un error, porque “Chito” con 88 millas, la inteligencia para lanzar y aquel recordado slider, al parecer tenía todo para hacer carrera en el mejor beisbol del mundo.
Una anécdota que Jesús Ríos recuerda como si hubiera sido ayer, es cuando estaba de visita en Minatitlán, con los Tigres Capitalinos, ahí vio un pequeño libro de apenas $1.50, titulado “Mejore su beisbol”, la curiosidad lo venció y después de adquirirlo recuerda que ahí encontró valiosos consejos para hacer de su slider un lanzamiento que lo llevó al estrellato.
Hoy Jesús Ríos Villalobos es el máximo ponchador en la historia de la Liga Mexicana de Verano, pero sus logros van mucho más allá; cómo olvidar aquella temporada de 1985, cuando con los Tigres Capitalinos completó cada uno de los 26 juegos iniciados; fueron en total 225 innings de trabajo y al menos ponchó a dos bateadores en todas sus salidas. Por si eso fuera poco, “Chito” fue en cinco ocasiones líder de ponches.
Como muestra de la categoría de este lanzador oaxaqueño, cuando los Tigres de México fueron campeones, en 1992, el manager Gerardo “Mulo” Gutiérrez, lo designó para el sexto juego de la serie final, frente a Tecolotes de los Dos Laredos, en el Parque Deportivo del Seguro Social; fue un 15 de septiembre, con estadio lleno; de vacaciones en el Distrito Federal, junto a mi padre acudí al partido y sólo había lugar en la parte alta del inmueble de Cuauhtémoc y Obrero Mundial.
Jesús “Chito” Ríos brilló como un sol y completó la ruta para dar el título a los felinos; el ingeniero Alejo Peralta estaba feliz en su palco. Pelota de un imparable lanzó el oaxaqueño, Barry Jones conectó un batazo de botes altos por el campo corto, Francisco Guerrero hizo un gran esfuerzo y a punto estuvo de hacer la gran atrapada, pero la pelota lo venció; finalmente la blanqueada se completó y el Tigres levantó el trofeo de campeón.
Aquel año, Tomás Herrera se anotó un diez como gerente deportivo de los felinos, porque propuso un cambio temporal a los Algodoneros de Unión Laguna; al Tigres llegó por una temporada Francisco Guerrero, porque el “Sargento Metralla” decía que un buen parador en corto les iba a dar el título; a cambio vinieron, el outfield Héctor Javier Álvarez Ortiz y el campo corto, Javier Robles Acuña. Vaya hitazo de Tomás Herrera, ya que mientras Francisco Guerrero le dio el campeonato al cubrir las paradas cortas con categoría, Álvarez y Robles se foguearon con los Algodoneros y ambos hasta la fecha son estelares de la Liga Mexicana, con Guerreros de Oaxaca y Tigres Capitalinos.
Sería interminable señalar todas las hazañas de Jesús “Chito” Ríos en el beisbol mexicano, pero hombres tan longevos y con esa categoría merecen un sitio muy especial en el Salón de la Fama, ahí donde un día estarán Jesús “Chito” Ríos, Ángel Moreno y Mercedes Esquer, por mencionar sólo a dos grandes veteranos que con más de 20 temporadas, aún brindan satisfacciones en la fuerte Liga Mexicana de Verano.